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PRISIONERAS EN SU PROPIA CASA: ASÍ ES EL DÍA A DÍA DE MILES DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD

¿Te imaginas qué pasaría si tuvieses que pasar cada día entre cuatro paredes por falta de accesibilidad en tu edificio? La imagen idílica de James Stewart en silla de ruedas mirando por la Ventana Indiscreta dista mucho de la realidad de las 2,5 millones de personas con problemas de movilidad en España, tal como alertan asociaciones como el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (@Cermi_Estatal) y la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (@CEOMA_ong​) con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad que se celebra cada 3 de diciembre. La dificultad para desplazarse fuera del hogar es la que afecta a un mayor número de los 3,8 millones de personas con discapacidad en España, más de la mitad de ellos, mayores de 65 años (58%). Una cifra cuya consecuencia más grave es el aislamiento social, que lleva a que 100.000 personas no salgan nunca de casa, según el estudio Movilidad reducidad y Accesibilidad elaborado por COCEMFE (@COCEMFE_) y la Fundación Mutua de Propietarios (@FundacionMdP).

Se estima que cuatro de cada diez personas mayores tienen problemas de accesibilidad debido a la falta de adaptación de las infraestructuras tanto dentro como fuera del hogar, pese a que la legislación obliga a la accesibilidad universal desde 2014, por lo que se ha convertido en el gran caballo de batalla de los mayores con discapacidad. Falta de ascensores, rampas adaptadas, altura de telefonillos o incluso el tamaño de las puertas son las causas más comunes del encierro en el hogar. Es el caso de Andrea, de 71 años, que lleva más de 16 días sin salir de casa. Enferma de Párkinson, vive junto a su marido en un cuarto piso sin ascensor. «Salir a la calle, a un parque, me daría la vida», afirma, recordando que depende totalmente de su marido para cualquier cosa. 

En la misma situación se encuentran el 43% de los españoles con movilidad reducida ante la mirada pasiva de muchos ciudadanos y administraciones locales y nacionales, que con frecuencia se olvidan de los compromisos inclusivos y de lucha contra la soledad prometidos en sus campañas electorales. «Debemos reincidir en que necesitamos ciudades para la vida, no ciudades para la especulación urbanística y de ocio masivo», reclama la historiadora Ana Muiña. «Las casas deberían de estar pensadas, única y exclusivamente, para el bienestar, la confortabilidad y la habitabilidad de quienes las habitamos. Por tanto, las personas de edad y las personas con problemas de movilidad, que en muchos casos tienen estas dos connotaciones, sufren innumerables problemas al vivir en los centros de las grandes ciudades. Esto deriva en que cada vez se los aísla más en la soledad de sus viviendas».

Solo un 0,6% de las viviendas son accesibles

«Aunque actualmente la Ley General de Derechos de Personas con Discapacidad obliga a que todas las casas sean accesibles o con posibilidades de adaptación, aún hay mucha vivienda antigua que no tiene ascensor, ni tiene hueco para ello», explica Paz Martín, arquitecta especializada en Diseño para Todos y responsable del proyecto Envejezando: Arquitectura y Tercera Edad (@envejezando), en relación a la norma que establecía que todos los espacios fuesen accesibles para 2017. Y es que, según el INE, sólo un 0,6% de los 9,8 millones de los edificios de vivienda en España cumplen todos los criterios de accesibilidad universal para personas con movilidad reducida o discapacidad. Las asociaciones reclaman mayor compromiso por parte de las autoridades con los planes de adaptación y accesibilidad de las viviendas de las grandes ciudades y también en el ámbito rural.

Las principales barreras con las que se encuentran estas personas son la falta de ascensores (78%), de puertas automáticas (39%), o dificultades de acceso del portal a la calle por la existencia de escalones (39%). «Las casas antiguas consideraban como un signo de distinción tener una entrada con escaleras, porque muchos no llegaron a pensar que viviríamos tantos años, ni tampoco tenían en cuenta las necesidades de las personas con discapacidad», señala Paz, en relación con las casas construidas antes de los años 60. Y esto se amplía a las configuración de las ciudades, donde transitar por una acera con una silla de ruedas, subir a un autobús o un metro, se convierte en una auténtica «odisea», recuerda. 

Fuente: 65ymas (MARTA JURADO)